¿Qué es el cáncer de riñón?

El cáncer de riñón es un crecimiento celular maligno (un tumor) en los riñones. Su nombre médico es carcinoma de células renales. Un tumor de riñón puede ser benigno también. Cáncer de riñón es un término genérico. Hay varios tipos de tumores de riñón, y varios estadios de la enfermedad. Su tratamiento dependerá de las características específicas de su tumor en particular y de las tecnologías disponibles en su país y su ciudad. Los distintos apartados de este documento proporcionan información general sobre el cáncer de riñón, su diagnóstico y opciones terapéuticas. Hable con su médico para comentar su situación individual.

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Riñón y sus estructuras circundantes, venas y arterias.

El cáncer de riñón representa alrededor del 2% de los cánceres diagnosticados en todo el mundo. En los últimos veinte años el número de casos de cáncer de riñón ha aumentado ligeramente, pero la tasa de supervivencia también ha crecido debido a el avance de la urología en este campo. Debido al uso más frecuente y a las mejoras en la tecnología de la ecografía y la tomografía computarizada o TC, también conocida como TAC cada vez se diagnostican más casos de cáncer de riñón en etapas más tempranas. El cáncer de riñón se encuentra más frecuentemente entre los 60 y 70 años.

Estadios de la enfermedad

Existen varios estadios de cáncer de riñón. Si el tumor se encuentra limitado al riñón, y no se ha extendido a otros órganos, se llama cáncer de riñón localizado. En el cáncer de riñón localmente avanzado el tumor ha crecido fuera del riñón, afectando a los tejidos vecinos, e invadiendo vasos sanguíneos, la glándula suprarrenal, o los ganglios linfáticos. Los médicos hablan de enfermedad metastásica cuando el cáncer se ha extendido a vasos linfáticos alejados, o a otros órganos.

Factores de riesgo para el cáncer de riñón

Las causas del cáncer de riñón son a menudo difíciles de determinar. Algunos factores de riesgo generales son el tabaquismo y la obesidad. Tener un familiar de primer grado con cáncer de riñón, o la tensión arterial elevada también son factores de riesgo potenciales. Algunos cambios en el estilo de vida, como dejar de fumar, o mantener un peso adecuado, comer saludablemente pueden reducir el riesgo de desarrollar cáncer de riñón.

Diagnóstico y clasificación

En la mayor parte de los casos el cáncer de riñón es asintomático, lo que quiere decir que no hay síntomas claros que indiquen su presencia. La mayoría de los tumores de riñón se encuentra al realizar una ecografía o alguna prueba de imagen. Dado que hay varios tipos de tumor renal, el médico realizará examenes para conocer mejor su situación concreta. Usualmente se explora la historia familiar. Una tomografía computarizada (TC) o una resonancia magnética (RMN) mostrarán el tamaño del tumor, y si ha invadido venas renales, ganglios linfáticos, u órganos vecinos. Estas pruebas son importantes para definir tratamientos futuros. El médico puede realizar también un examen físico, y análisis de sangre y orina. Con los resultados de su TAC, el urólogo podrá definir el estadío de la enfermedad. Analizando el tejido del tumor obtenido en la cirugía el patólogo determina el subtipo de tumor y si es o no una forma agresiva.

Estos datos de estadío, subtipo y agresividad del tumor conforman su clasificación. La clasificación del tumor se utiliza para estimar su pronóstico individual. Basándose en su pronóstico individual, su médico le ofrecerá la estrategia de tratamiento más adecuada en su caso. En algunos casos usted puede necesitar algunas pruebas para evaluar su función renal. Esto es importante especialmente si usted sólo tiene un riñón, o si tiene riesgo de insuficiencia renal por ser diabético, hipertenso, tiene una infección crónica, o alguna enfermedad renal pues estos componentes aumentan el riesgo de aumentar el daño renal o requerir diálisis posterior a la cirugía.

Síntomas al momento del diagnóstico

A pesar de que el cáncer de riñón es generalmente asintomático (no genera ningún síntoma), aproximadamente uno de cada diez casos sí tendrá síntomas, tales como dolor en el costado o sangre en la orina. Esto podría ser signo de que la enfermedad ha avanzado. Algunas personas pueden experimentar los llamados síndromes paraneoplásicos. Éstos son reacciones que el cuerpo puede presentar al tener cualquier tipo de cáncer, y pueden incluir tensión arterial alta, pérdida de peso, fiebre, anemia, pérdida de masa muscular, o pérdida de apetito. Los síndromes paraneoplásicos más frecuentemente asociados al cáncer de riñón incluyen alteraciones en las enzimas del hígado y las plaquetas sanguíneas. Estos cambios se suelen descubrir casualmente al hacer análisis, y normalmente no dan ningún síntoma.

Dolor en los huesos o una tos persistente pueden ser signo de que el cáncer se ha extendido por el cuerpo. A esto se le llama enfermedad metastásica.

Términos que puede utilizar el médico:

  • Enfermedad metastásica: Aquella en la que un tumor se ha extendido a otros órganos o ganglios linfáticos.
  • Renal: Relativo al riñón.
  • Tumor benigno: Crecimiento no cancerígeno que no se extiende a otros órganos.
  • Tumor maligno: Crecimiento cancerígeno que puede tanto crecer continuamente como a intervalos. Los tumores malignos pueden hacer metástasis, es decir que se pueden extender a lo largo del cuerpo.

Herramientas diagnósticas

Las técnicas de imagen son muy importantes para el diagnóstico y clasificación de los tumores renales. Las técnicas de imagen más frecuentes son la ecografía, la TAC, y la Resonancia. En algunas ocasiones especiales se realiza una biopsia para saber más sobre las características del tumor.

TAC con contraste

Cuando se encuentra un tumor lo primero que el médico quiere saber es si es maligno. La ecografía, la TAC o la RMN del abdomen y la pelvis aportan información al respecto.

  • La localización y tamaño del tumor.
  • Si tiene o no ganglios linfáticos aumentados de tamaño.
  • Si el tumor se ha extendido a órganos vecinos, como la glándula suprarrenal, el hígado, el bazo o el páncreas.
  • Si el tracto urinario está afectado por el tumor.

Usualmente se hace un  TAC con contraste  que se administra por vía intravenosa, habitualmente por el brazo. El contraste hace que los vasos sanguíneos se visualicen mejor, dándoles un color diferente en las imágenes que se obtienen durante el escáner. Este tipo de escáner permite al radiólogo analizar el tumor. Los resultados le ayudarán a decidir el tratamiento que necesita.

Si usted es alérgico al contraste se le realizará una RMN o una TC sin contraste.

Si su médico sospecha que el tumor se pueda haber extendido a los pulmones le realizará más estudios a este nivel, como una TC de torax. Puede precisar también de un escáner de los huesos o del cerebro si tiene síntomas tales como dolor en los huesos o ataques epilépticos. En esos escáneres tratará de evaluarse si el cáncer se ha extendido a los huesos o al cerebro.

Biopsia del tumor renal

Durante una biopsia de un tumor renal se obtienen una o más muestras de tejido tumoral. Primero se pondrá anestesia local. Después el médico introduce una aguja a través de la piel, y utiliza ecografía o TAC para localizar el tumor. Las muestras de tejido serán analizadas por el patólogo para ayudar a determinar el mejor tratamiento.

La biopsia renal no es un procedimiento habitual en el diagnóstico de un cáncer de riñón. Puede ser necesaria en caso de que:

  • Los resultados del TAC no sean suficientemente claros.
  • Usted tenga un tumor renal pequeño que se esté pensando en tratar mediante vigilancia activa.
  • Usted tenga un tumor pequeño que vaya a ser tratado mediante ablación con radiofrecuencia o crioterapia.

Las biopsias pueden producir que haya sangre en la orina. En casos excepcionales pueden causar un sangrado más importante.

Clasificación

Los tumores de riñón se clasifican en función de su estadío, el subtipo, y el grado de agresividad de las células del tumor. Esos tres elementos son la base de su secuencia de tratamiento.

Sistema de estadificación

El estadío de un tumor indica lo avanzado que está el tumor, y si existen o no metástasis en los ganglios linfáticos u otros órganos.

El estadio del tumor está basado en la clasificación TNM (que viene de las siglas en inglés de Tumor, Ganglio linfático y Metástasis ). El urólogo evalúa el tamaño y la invasión local del tumor (T), y determina lo avanzado que está, dentro de 4 estadios. También se evalúa si cualquier ganglio linfático está afectado (N) o el cáncer se ha extendido a otra parte del cuerpo (M). Si el tumor de riñón metastatiza lo suele hacer en los pulmones, en los huesos o el cerebro. Las figuras 1 a 5 ilustran los distintos estadios.

Subtipo de tumor

De manera parecida al estadio, el subtipo de tumor de riñón es importante. El subtipo es determinado por el patólogo, y el proceso se conoce como análisis histopatológico (patología). En la mayoría de los casos el subtipo de tumor no se sabe hasta la intervención quirúrgica.

  • Urólogo: Un urólogo está especializado en el sistema urinario sano y enfermo.
  • Oncólogo: Un oncólogo está especializado en todo tipo de cáncer.
  • Oncourólogo: Un oncourólogo está especializado en los cáncer de, por ejemplo, la vejiga, el riñón, la próstata, o los testículos.
  • Patólogo: Un patólogo estudia los tejidos, la sangre o la orina para entender las características específicas de las enfermedades. En el tratamiento del cáncer el patólogo ayuda en la clasificación de los tumores.
  • Radiólogo: Un radiólogo está especializado en las técnicas de imagen, y analiza ecografías, TAC, RMN u otros escáneres que se puedan hacer para diagnosticar o vigilar un tumor.

Tumores benignos

Algunos tumores de riñón no son cancerosos. Se conocen como tumores benignos. Los tumores benignos del riñón más frecuentes son los oncocitomas y los angiomiolipomas.

Los oncocitomas son diagnosticados habitualmente tras el análisis histopatológico, dado que los escáneres no siempre los pueden distinguir con facilidad de un tumor maligno.

Un angiomiolipoma (AML) es un tumor benigno. Es 4 veces más frecuente en mujeres. Generalmente se diagnostica tras realizar una ecografía, una TC o una RMN, o si el tumor sangra y produce síntomas. Aunque el AML es un tumor benigno, el riesgo de sangrado espontáneo en el riñón se aumenta si continúa creciendo. Se recomienda extirparlo en caso de que:

  • Sea un AML grande (mayor de 4 cm)
  • Se trate de una mujer menor de 45 años
  • El tumor produzca síntomas
  • No sea fácil acudir a un médico en caso de emergencia, porque viva muy lejos de un hospital o tenga una movilidad limitada

Habitualmente un AML se extirpa mediante una nefrectomía parcial, pero en algunos casos puede ser necesario extirpar el riñón entero. La nefrectomía radical se recomienda en caso de sangrado muy importante del riñón.

Quistes renales

Algunas masas del riñón no son tumores, sino quistes renales. Son bolsas rellenas de fluido localizadas en el riñón, y son fácilmente reconocibles en una TAC o ecografia. Algunos quistes pueden ser malignos, usualmente se reconocen en las imágenes diagnosticas solicitadas.

Grado histológico

El tercer componente de la clasificación es una evaluación del grado de agresividad de las células tumorales. El grado nuclear de Fuhrman es el más frecuentemente utilizado. El patólogo clasifica el tumor de 1 a 4 grados.

Pronóstico individual

Tras el diagnóstico y la clasificación, su médico comentará con usted las distintas opciones de tratamiento. La estrategia terapéutica está basada en la clasificación TNM, el grado de Fuhrman, y el subtipo de tumor. El pronóstico individual se podrá establecer tras dicha clasificación. Sin embargo hay que tener en mente que esto es sólo una predicción, que no puede tener en cuenta todos los imponderables que puedan surgir.

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Cáncer renal metastásico puede diseminarse a los pulmones, huesos o el cerebro.

Cáncer de riñón localizado

Si a usted le han diagnosticado un cáncer de riñón localizado su médico puede recomendarle tratarlo con una nefrectomía parcial, nefrectomía radical, vigilancia activa, ablación con radiofrecuencia o crioterapia. Cada técnica tiene sus ventajas e inconvenientes. La elección del tratamiento dependerá de su situación individual.

Aquí se recoge información general, que no necesariamente se ajusta a sus necesidades específicas. Además tenga en cuenta que la situación puede cambiar de un país a otro.

¿Qué es un cáncer de riñón localizado?

El cáncer de riñón localizado se refiere a un tumor que se encuentra localizado en el riñón, sin extenderse a otras partes de su cuerpo. Puede tratarse de un estadio I ó II, dependiendo de su tamaño (Fig 1 y 2).

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Fig. 1: Un tumor estadio I es un tumor de hasta 7 cm, limitado al riñón.

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Fig. 2: Tumores estadio II están limitados al riñón, pero son mayores de 7 cm.

Opciones de tratamiento

La mejor opción de tratamiento de un tumor de riñón es la extirpación quirúrgica (nefrectomía).

El tumor de riñón localizado se puede extirpar tanto mediante una nefrectomía parcial como una nefrectomía radical. Ambos procedimientos se pueden hacer por cirugía abierta o laparoscópica. Y, a su vez, la cirugía laparoscópica se puede hacer con la ayuda de un sistema quirúrgico robótico.

Mediante la nefrectomía parcial sólo se extirpa el tumor, dejando intacto el resto del tejido renal sano. Esta técnica se emplea siempre que sea posible. Si no es posible quitar el tumor y dejar el resto del riñón intacto su médico le recomendará realizar una nefrectomía radical. Ello significa que se quitará el riñón en el que está situado el tumor, junto con el tejido que lo envuelve.

En algunas ocasiones la cirugía puede no ser la mejor opción. Puede ser por edad, o por tener otras enfermedades, por ejemplo. Si el tumor tiene menos de 4 cm su médico puede proponerle realizar vigilancia activa. En esta opción su médico le programará un calendario de visitas para vigilar el tumor. Si el tumor continúa creciendo usted puede precisar algún tratamiento adicional. En ese caso la terapia ablativa puede ser una buena opción.

La terapia ablativa puede realizarse tanto con ablación con radiofrecuencia (ARF) o crioterapia. El objetivo de estas técnicas es destruir las células tumorales calentándolas (ARF) o congelándolas (crioterapia).

Estos son algunos de los temas que debería comentar con su médico cuando estén decidiendo su estrategia terapéutica:

  • Su historia médica.
  • Si hay casos de cáncer de riñón en su familia.
  • Qué hay que tener en cuenta si tiene usted únicamente un riñón.
  • Si su función renales normal, o está previamente alterada por otras enfermedades como la diabetes o la tensión arterial elevada.
  • Si tiene usted un tumor en uno o en ambos riñones.
  • Los tratamientos disponibles en su hospital.
  • La experiencia de su médico. Pregúntele sobre su experiencia con la opción terapéutica recomendada.
  • Sus preferencias personales.
  • El apoyo que tiene usted para el momento del tratamiento y durante la convalecencia.
  • Cirugía conservadora de nefronas: Es otra manera de referirse a la nefrectomía parcial.
  • Cirugía abierta: Es un procedimiento quirúrgico en el cual el cirujano corta la piel y el tejido para tener acceso directo al riñón.
  • Cirugía laparoscópica: Es una técnica quirúrgica mínimamente invasiva en la cual el cirujano no necesita cortar a través de la piel y el tejido, sino que inserta los instrumentos a través de pequeñas incisiones en el abdomen.
  • Sistema quirúrgico robótico: Un instrumento que ayuda a los cirujanos en la realización de la cirugía laparoscópica. El cirujano controla en instrumento robótico con unos mandos de control remoto.

Nefrectomía parcial

La nefrectomía parcial es una técnica quirúrgica para el tratamiento del cáncer de riñón localizado. Está recomendada siempre que sea posible. El objetivo es extirpar la parte del riñón afectada por la enfermedad, preservando la mayor cantidad posible de tejido renal sano. Para la realización de una nefrectomía parcial se necesita una anestesia general.

¿Cómo se realiza una nefrectomía parcial?

En primer lugar se determina la localización exacta del tumor. Después se utiliza una pinza vascular en la arteria renal para detener el flujo sanguíneo del riñón durante la intervención, para minimizar la pérdida de sangre. Se utiliza en ocasiones hielo picado para descender la temperatura del riñón durante la intervención para prevenir daño producido por la interrupción del flujo sanguíneo. Una vez que el tumor ha sido extirpado, el cirujano realizará una sutura sobre la herida, y si es necesario aplicará sustancias sellantes para prevenir el sangrado (Fig. 1).

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Fig. 1: En la nefrectomía parcial el tumor es resecado, dejando la mayor cantidad de riñón sano posible.

La nefrectomía parcial se puede hacer tanto por cirugía abierta como laparoscópica. El cirujano realiza una incisión en la pared abdominal para acceder al riñón y al tumor directamente.

La nefrectomía parcial laparoscópica es una cirugía mínimamente invasiva. Durante este tipo de procedimiento el médico inserta unos pequeños tubos de plástico en su abdomen. A través de esos tubos el cirujano introduce los instrumentos necesarios para extirpar el tumor. Uno de esos tubos se utiliza para introducir una cámara que permite al cirujano obtener una imagen de alta calidad en un monitor (Fig. 3).

La cirugía laparoscópica se puede realizar también asistida por un sistema quirúrgico robótico.

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Fig. 3: En la cirugía laparoscópica, el cirujano introduce los instrumentos quirúrgicos a traves de pequeñas incisiones en el abdomen.

La cirugía laparoscópica generalmente permite una recuperación más rápida que la cirugía abierta, pero la técnica es bastante compleja, y su médico precisa tener experiencia en este tipo de procedimiento. Para extirpar un tumor renal mediante nefrectomía parcial la cirugía abierta y laparoscópica son igualmente efectivas.

¿Cómo me preparo para la intervención?

Su médico le dará las recomendaciones precisas y detalladas sobre cómo prepararse para el procedimiento. No debe comer, beber, ni fumar desde 6 horas antes del procedimiento para prepararse para la anestesia. Si toma cualquier tipo de medicamento coméntelo con su médico. Puede que deba dejar de tomarlo varios días antes de la intervención.

¿Cuáles son las secuelas de las cirugías de riñon?

Habitualmente le darán el alta entre 2 y 7 días tras la cirugía. Recuerde que la estancia hospitalaria puede variar según el caso. Después de una nefrectomía parcial abierta puede que tenga dolor en el costado durante varias semanas.

Recomendaciones para las primeras 4-6 semanas tras la intervención:

  • Beba entre 1 y 2 litros todos los días, principalmente agua.
  • No cargue con nada que pese más de 5 kg.
  • No realice ejercicio intenso.
  • Comente cualquier medicamento que estuviera usted tomando.
  • Si lo ha precisado, pregunte la fecha de la retirada del catéter doble J con su médico.

Tendrá que consultar con su médico o acudir al hospital en el momento que presente :

  • Fiebre.
  • Sangre en la orina.
  • Pérdida de sangre o dolor intenso.

¿Cuál es el impacto del tratamiento?

La nefrectomía parcial es un procedimiento frecuente para el cáncer de riñón localizado. Más del 95% de los pacientes se encuentran libres de enfermedad hasta 5 años después de la intervención. El beneficio de tener dos riñones funcionando tras la cirugía contribuye a la función renal global, y a la salud del paciente en general.

¿Cómo se realiza el seguimiento?

Tras una nefrectomía parcial por cáncer de riñón su médico planificará unas visitas de revisión. La frecuencia de esas visitas dependerá de la clasificación del tumor extirpado. El seguimiento dura al menos 5 años. Algunas pruebas frecuentes en estas visitas son las TAC abdominales, las ecografías, las radiografías de tórax, y los análisis de orina y sangre.

Nefrectomía radical

La nefrectomía radical es una opción de tratamiento quirúrgico para el cáncer de riñón localizado. El objetivo es la extirpación del riñón completo junto con el tejido graso que lo rodea. Esta cirugía se lleva a cabo cuando no es posible extirpar el tumor y dejar parte del riñón intacto. Se recomienda en general para el cáncer de riñón en estadio II, o para los tumores de estadio I en los que la nefrectomía parcial no es una buena opción. Mucha gente puede vivir con un único riñón, sin mayores complicaciones. Para la realización de una nefrectomía radical se necesita anestesia general.

¿Cómo se lleva a cabo una nefrectomía radical?

Primero se determina el tamaño del tumor. Para evitar la siembra de células del tumor, el cirujano mantiene el riñón cubierto por una capa protectora de tejido graso. El cirujano separa del riñón la arteria renal, la vena renal, y el uréter (Fig. 1). Finalmente, el riñón es extirpado.

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Fig. 1: El tumor es resecado junto con la totalidad del riñón.

La nefrectomía radical se puede llevar a cabo con cirugía laparoscópica. Durante este tipo de procedimiento el médico inserta unos pequeños tubos de plástico en su abdomen. A través de esos tubos el cirujano introduce los instrumentos necesarios para extirpar el riñón. Uno de esos tubos se utiliza para introducir una cámara que permite obtener al cirujano una imagen de alta calidad en un monitor.

La nefrectomía radical abierta puede ser recomendable en algunos casos. En la nefrectomía radical abierta el cirujano corta la pared del abdomen para acceder directamente al riñón. El procedimiento tiene una recuperación más larga, con mayor riesgo de dolor o complicaciones tras la intervención que la laparoscopia.

Para extirpar un tumor renal mediante una nefrectomía radical, la cirugía abierta y la laparoscopia son igualmente eficaces.

¿Cuál es el impacto del tratamiento?

La nefrectomía radical es un procedimiento frecuente para el cáncer de riñón localizado. Alrededor del 95% de los pacientes se encuentran libres de enfermedad hasta 5 años después de la intervención. Dado que tras la intervención queda un único riñón en funcionamiento, existe un riesgo mayor de desarrollar insuficiencia renal. La insuficiencia renal es a su vez factor de riesgo cardiovascular.

¿Cómo será el seguimiento?

Tras una nefrectomía radical por cáncer de riñón su médico planificará un calendario de visitas de revisión. La frecuencia de esas visitas dependerá de la clasificación del tumor extirpado. El seguimiento dura al menos 5 años. Algunas pruebas frecuentes en estas visitas son las TC abdominales, las ecografías, las radiografías de tórax, y los análisis de orina y sangre.

Ablación por radiofrecuencia

La ablación por radiofrecuencia (ARF) es una opción terapéutica para el cáncer de riñón. Utiliza el calor producido por ondas de radiación de alta frecuencia para matar las células del cáncer (Fig. 1).

Estas ondas de radiación alcanzan el tumor a través de una aguja. Habitualmente la ARF se realiza a través de la piel, y el médico utiliza la ecografía o una TC para guiar la aguja. Se suele realizar una biopsia antes de comenzar el tratamiento, con la intención de conocer el subtipo de tumor. Para este procedimiento se suele utilizar anestesia local, aunque en algunas ocasiones se precisa anestesia general. La ARF se puede llevar a cabo también mediante cirugía laparoscópica o abierta.

Su médico puede proponerle el tratamiento mediante ARF si usted tiene un tumor pequeño (menor de 4 cm), y la cirugía no es una buena opción para usted. Esto puede ser debido a su edad o alguna enfermedad que pueda hacer que la cirugía sea más peligrosa.

La ARF es un tratamiento efectivo y seguro para los tumores renales pequeños, pero existe el riesgo de que algunas células tumorales permanezcan en el riñón después del procedimiento. Eso quiere decir que las posibilidades de recidiva son mayores que tras la cirugía.

A pesar de que es un procedimiento seguro en general, existe el riesgo de complicaciones. Las más comunes incluyen dolor alrededor de la zona tratada, y sensación de hormigueo o quemazón en la piel conocido como parestesia. También puede haber sangrado, y en raras ocasiones se puede requerir transfusión sanguínea. Tras la ARF puede haber fugas de orina que se acumulen alrededor del riñón. Durante el tratamiento el uréter, el bazo, el hígado o el intestino pueden lesionarse.

Tras la ARF las revisiones se realizan cada 3 meses. En ellas una TC o una RMN se utilizan para vigilar el riñón y descubrir a tiempo una posible recurrencia del tumor.

La ARF puede repetirse si es preciso, en caso de recidiva del tumor o si el primer tratamiento no ha sido exitoso.

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Fig. 1: Técnicas ablativas destruyen el tumor con calor o congelación.

Vigilancia activa

La vigilancia activa es una forma de tratamiento para el cáncer de riñón localizado en la que el médico vigila activamente el tumor. Se recomienda si la cirugía no es la mejor opción para usted, y cuando el tumor renal es menor de 4 cm en pacientes con algunas condiciones especiales.

Algunas de las razones que pueden llevar a su médico a desaconsejarle la cirugía pueden ser la edad o alguna enfermedad que pueda hacer que la cirugía sea peligrosa para usted. Para determinar si la vigilancia activa es una opción su médico puede recomendar hacer una biopsia del tumor. El tejido tumoral obtenido mediante la biopsia es analizado para asegurar que no es agresivo. Si el tumor es agresivo y la vigilancia activa no es una buena opción para usted, puede que se le recomiende otro tratamiento.

Si es usted un buen candidato para la vigilancia activa su médico establecerá un calendario de visitas estricto. En cada visita el urólogo le realizará una serie de preguntas sobre cualquier cambio importante en su estado de salud, le realizará un examen físico, y comentará los resultados del análisis de sangre. Antes de cada visita le realizarán una TC o una ecografía de su abdomen para monitorizar el crecimiento del tumor. Puede que le realicen también una radiografía de tórax para evaluar los pulmones.

En la mayoría de los casos el seguimiento se realiza cada 3 meses durante el primer año. Durante el segundo año las visitas se realizan cada 6 meses, y posteriormente una al año.

En términos generales los tumores renales pequeños tienden a crecer lentamente, y en ellos el cáncer rara vez se extiende a otros órganos. Si las pruebas realizadas durante el seguimiento muestran que el tumor está creciendo deprisa, o si usted desarrolla síntomas que puedan sugerir que la enfermedad está avanzando, su urólogo le recomendará algún otro tratamiento.

Algunos de los factores que pueden influir para decidir la mejor opción terapéutica incluyen:

  • Su edad
  • Otros problemas de salud que pueda usted tener
  • La localización del tumor
  • El subtipo de tumor

Crioterapia

La crioterapia, conocida también como crioablación, es una opción terapéutica para el cáncer de riñón. Utiliza un gas licuefactado, habitualmente nitrógeno o argón, para matar las células tumorales congelándolas. El gas licuefactado alcanza el tumor a través de una aguja. Generalmente se realiza una biopsia antes de comenzar con el procedimiento para conocer el subtipo de tumor (Fig. 1).

Habitualmente la crioterapia se realiza a través de la piel, y el médico utiliza la ecografía o una TC para guiar la aguja. La crioterapia puede realizarse también mediante cirugía laparoscópica o abierta. Durante el procedimiento la temperatura del riñón y los tejidos circundantes se monitoriza mediante sensores térmicos.

Su médico puede ofrecerle crioterapia si tiene un tumor pequeño (menor de 4 cm), y si la cirugía no es una buena opción para usted. Esto puede ser debido a su edad o alguna enfermedad que haga que la cirugía sea más peligrosa para usted.

La crioterapia es un tratamiento efectivo y seguro para los tumores renales pequeños, pero existe el riesgo de que algunas células tumorales permanezcan en el riñón tras el procedimiento. Eso quiere decir que las posibilidades de recidiva son mayores que tras la cirugía.

El procedimiento en general es seguro, pero no está exento de complicaciones. Las más frecuentes son el sangrado, con la sangre dentro del riñón formando lo que se llama hematoma perirrenal. Durante el tratamiento se puede lesionar el uréter, bazo, hígado, o intestino. También se puede experimentar parestesia alrededor de la zona tratada, que consiste en una sensación de hormigueo o quemazón en la piel.

Tras la crioterapia las revisiones se realizan cada 3 meses. En ellas una TC o una RMN se utilizan para vigilar el riñón y descubrir a tiempo una posible recurrencia del tumor.

La crioterapia puede repetirse si es preciso, en caso de recidiva del tumor o si el primer tratamiento no ha sido exitoso.

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